
Entonces se ha hecho una recopilación de fotografías de archivo que se han tomado en el siglo XIX en la zona minera de Portovelo, en donde la compañía SADCO realizó trabajos de explotación; encontramos un vínculo directo con la obra, el artista pone a la pólvora como medio de explosión sentimental, conceptual como al explotar las rocas en un mina y social al ponerse el artista como parte de los oprimidos en la colonización, y así se hace un juego interesante, donde entra lo que el mismo artista dijo, la “catarsis” que es una descarga emotiva, ligada a la exteriorización de conflictos y tensiones, ya que el hecho de jugar con las fotografías que muestran un suceso y al quemarlas con la pólvora es un poco el renegar lo sucedido, pero a su vez también transformar esos hechos en algo viable y visible para el resto del mundo, es como el quemar los recuerdos para obtener una sensación de alivio o desprendimiento, el cual sabemos perfectamente que se remite nuevamente al recuerdo.
Ochoa mantiene su investigación en la mina y juega con el lenguaje audiovisual. En toda la muestra se ven retratos “ en el retrato contemporáneo entran en juego señas de identidad y cuerpo” [1], el artista no se conforma con lo externo, en un video nos revela su interior, metáfora de la cueva, en el útero materno, la familia, la comunidad, todo en un bien logrado sentido de identidad y pertenencia.
Y aparte que más efímero como el pasado, que una parte de la obra al ser catalogada como performance al explotar la pólvora y su respectivo registro es lo que está en exposición, nos lleva también a la parte de la ilusión en donde Bauidillard describe en su texto El crimen perfecto como; el mundo es una ilusión radical, a los objetos hay que apartarlos de cualquier predestinación para devolverle a su fin y a su eficacia máxima, sin embargo no deja de ser sin más que un modelo de simulación; [2] la obra está separada de su contexto al estar en la contemporaneidad y sucedida en un taller, la acción se lleva a cabo fuera de la mina pero sigue funcionando la pólvora como medio de conexión y sobre todo las imágenes al incluirnos en un mundo casi fantasma, es la simulación estética de la opresión del siglo XIX para un público contemporáneo.
Cristina Carrasco / Coordinadora / Octavo ciclo de la Facultad de Artes Visuales
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